Había una vez un sapo y un cocodrilo. Ambos habían nacido en primavera y habían crecido en un pantano cerca al valle de la Hadas.
Cuando eran pequeñitos (la rana era un renacuajo y el cocodrilo, un cocodrilito), se encontraron en uno de los lados más claros del pantano. El cocodrilito se quería comer al renacuajo, pero vio sus ojitos tapados por una membrana casi repugnantemente dulce y escucho muy bajito una voz que le pedía que a cambio de que lo deje vivir, le daría su amistad incondicional y para toda la vida. Así es que desde ese día andaban juntos El cocodrilo creció y el renacuajo se hizo un sapo, pero no era tan grande como para afrontar los problemas del pantano. Un día llegaron muchos cocodrilos de otros pantanos y el cocodrilo (de este cuento) los presentó al sapo y les dejó muy en calro que no se lo coman porque era su amigo. El sapo les cayó tan bien a todos que se fue de parranda con todos los cocodrilos. Al cocodrilo (de esta historia) le molestó mucho que se vaya con sus amigos, porque al final eran SUS amigos. Se pelearon y no se hablaron por un buen tiempo. Pasaron los años y un día el cocodrilo estaba en su departamento subpantano, y leyó en el periódico "El Pantacio" que su amigo el sapo había fallecido en una de las parrandas, que estaban jugando a "saltar sobre los dientes de un cocodrilo".
El cocodrilo (de este cuento) se sintió terrible, calleron muchas lágrimas de cocodrilo, y se dio cuenta que perdió mucho tiempo con su amigo por una tontería. Así vivió muy triste toda su vida, lamentándose, se deprimió tanto que se entregó a Luis Vuiton y se convirtió en un lindo bolso!!!.
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